La casa
Pepe y Josefa abrieron en 1952 un bar de pueblo con cuatro mesas. Los guisos de ella llenaron el comedor, y el comedor no ha parado desde entonces.
Hoy la llevan sus hijos, con la misma olla y las mismas horas de fuego lento. La carta cambia con lo que hay en el mercado; el modo de cocinar, no.